2016: ¿El año en que la institucionalidad comenzará a instalarse en nuestras instituciones?


Dec 29, 2015 mhernani Noticias

El desarrollo de las instituciones democráticas es fundamental para el desarrollo económico del país que las contiene, y en el Perú, el concepto de institucionalidad (es decir, el correcto funcionamiento de las organizaciones públicas y privadas) se ha resaltado mucho este 2015 en el plano teórico, pero apenas se ha plasmado en la realidad, debido principalmente a la precariedad o falta de propuestas concretas alrededor del tema.

“Donde mayores cambios requerimos, el plano institucional, hay más retrocesos que avances, por más que nos visitan expertos y líderes globales para machacarnos una y otra vez sobre la necesidad de mejorar el mismo: la independencia de poderes durante estos años ha sido calamitosa (y durante el 2015 ha sido muy visible el interés de ignorar este aspecto por parte del gobierno); la calidad de los principales organismos involucrados (Poder Judicial, partidos políticos, Fiscalía y Procuraduría, entre otros) no mejora y pareciera que no les interesa; y así. La injerencia del poder político en los estamentos militares es otro espacio de notable retroceso, así como la interferencia en casos de gravísima corrupción (el más notorio en el 2015, el caso Martín Belaunde, del cual queda mucho pan por rebanar)”, señala Juan José Garrido, Director de Perú.21, en su Balance del año.

Es en ese contexto que vemos al Perú como uno de los cinco países más informales del mundo (Schneider, 2012), con niveles alarmantes de informalidad del 70% de la economía aproximadamente, y las propuestas convencionales para mitigar esa situación se centran únicamente en (1) difundir la importancia de desarrollar organizaciones de la sociedad civil, en colaboración con los medios de comunicación dedicadas a la vigilancia de las instituciones, y en (2) darle énfasis a la necesidad de proveer a sus funcionarios con el entrenamiento y los medios necesarios para cumplir cabalmente sus tareas, con el fin de mejorar el funcionamiento y aumentar la eficiencia de cada una de estas instituciones.

Estos factores son fundamentales para el fortalecimiento de las instituciones en el Perú, sin embargo no podrán desarrollarse si seguimos trabajándolos dentro de un sistema demasiado permisible con la corrupción. Y como muchos de los grandes avances en la actualidad, la naturaleza de la innovación institucional requerida no sólo por los países en vías de desarrollo, sino también por los países desarrollados (que no carecen de corrupción), debería estar orientada hacia el ámbito de lo digital. En ese sentido, trasladar las instituciones del Estado al plano digital implicaría, “la utilización de las tecnologías por parte de los gobiernos locales a través de la mejora de su gestión interna (…) y de los sistemas de intercambio e interacción con los ciudadanos y con las organizaciones públicas y privadas” (Salvador 2002:1).

Actualmente existen diversas iniciativas alrededor del gobierno digital, entre las que destaca la plataforma elaborada por el Ayuntamiento de Madrid, denominada Madrid Decide, la cual permite una participación política directa a través de propuestas ciudadanas, espacios de debate, presupuestos participativos, legislación colaborativa, y muchos otros procesos. “Una vez que una propuesta alcanza una cantidad de apoyos equivalente al 2% del censo de Madrid (unos 53000), automáticamente pasa a ser estudiada por un grupo de trabajo del Ayuntamiento y pasará a la siguiente fase de consulta popular, en la que la ciudadanía de Madrid votará si se lleva a cabo o no”, señala la web.

Como vemos, internet abre la posibilidad de generar una participación ciudadana mucho más activa y permite una mayor transparencia en relación a las decisiones tomadas por los representantes elegidos democráticamente. No obstante, dado que ya existe la posibilidad de que la ciudadanía tome decisiones directamente alrededor de los problemas de su comunidad, tal como antes de las modernas sociedades masivas sucedía en las antiguas polis griegas, ¿no será posible también que ante la aparición de las plataformas de gobierno abierto, los representantes políticos (cuya función es tomar decisiones por la población ante la incapacidad de esta para organizarse en su masiva dimensión) ya no sean necesarios?

La corruptibilidad de estos representantes, es decir la posibilidad de ser corrompidos dentro de las instituciones públicas, es un riesgo que la sociedad no debería correr ante la posibilidad de generar un sistema que le permita asumir directamente la responsabilidad de sus decisiones políticas, sin depender del criterio y moral de un representante.

Ante esta propuesta, podría decirse que en realidad la mayoría de las personas probablemente tomen decisiones erróneas o no participen en los procesos democráticos digitales (como ya lo hacen ahora). Sin embargo, tomemos en cuenta que es esa misma población la que finalmente elige al representante político que tomará decisiones por ella; pero, sobre todo, tomemos en cuenta que no es descabellado pensar que la mayoría de la población busca (o buscaría, si realmente estuviera en sus manos) el desarrollo de su país a través del real fortalecimiento y priorización de la educación (se utiliza el adjetivo real porque muchas veces a los políticos no les conviene educar al pueblo, por lo que priorizan otros proyectos, o pretenden fortalecer la educación beneficiando a ciertos grupos económicos que responden a intereses particulares -lobbys- y no necesariamente brindan el mejor servicio posible a la población), lo que poco a poco irá reduciendo el número de individuos sumidos en la ignorancia, e irá aumentando las buenas decisiones y la participación política por parte de estos grupos.

Finalmente, coincidimos con Francisco Sierra Caballero en su libro “Ciudadania, tecnologia y cultura”, donde afirma que “existe una gran expectativa en las sociedades democráticas sobre la fórmula remezclada entre las posibilidades de las tecnologías de la comunicación y la fundación de una opinión pública expresada en los espacios virtuales”.

Debido a ello, esperamos que este 2016 sea el año en que comencemos a explorar nuevos horizontes en el ámbito de la innovación institucional. Es importante mantener un debate en base a propuestas creativas y no sólo en base a la descripción de la problemática o la reincidencia del uso de fórmulas ya probadas e ineficientes para eliminar los abismos que separan a los países – y a las regiones dentro de los países- en relación a la competitividad de sus industrias, y por ende, a la capacidad de sus instituciones para generar bienestar. Construir instituciones es una tarea de largo plazo, y seguramente este 2016 no será suficiente para instalar la institucionalidad en nuestras organizaciones, pero puede ser el año en que se comience firmemente con el trabajo de mejorar las mismas.

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