3 reglas infalibles para tomar decisiones difíciles


Jan 8, 2016 mhernani Noticias

Peter Bregman para Harvard Business Review

Examiné el menú del restaurante durante varios minutos, luchando contra la indecisión: cada platillo me tentaba de una manera diferente. Tal vez debería pedir todos… ¿Esta es una decisión tonta que no merece deliberación? Quizás. Pero apuesto a que haz estado en este tipo de situaciones, y si no se trata de alimentos, se trata de otras cosas.

Gastamos una cantidad excesiva de tiempo y energía en la elección entre opciones igualmente atractivas en situaciones cotidianas. El problema es que si bien pueden ser igualmente atractivas, son también atractivas de maneras diferentes, con ventajas y desventajas que requieren ser tomadas en cuenta, incluso cuando se decide entre ensalada de col (saludable), salmón (una proteína más pesada), y ravioles (sabrosos, pero con altos carbohidratos).

Si estas decisiones mundanas arrastran nuestro tiempo y energía, piensa en las más grandes que tenemos que hacer en las organizaciones, todo el tiempo. ¿Qué productos debemos continuar produciendo y cuáles debemos descartar?, ¿a quién debo contratar o despedir?, ¿debo iniciar esa difícil conversación?

Estas preguntas son seguidas por un número infinito de otras preguntas. Si voy a tener esa difícil conversación, ¿cuándo debería hacerlo?, y ¿cómo debo comenzar?, ¿debo llamarlos, verlos en persona o enviarles un correo electrónico?, ¿debo hacerlo públicamente o en privado?, etc.

Entonces, ¿cómo podemos manejar las decisiones de todo tipo de manera más eficiente? Para ello manejo tres métodos: El primero es usar hábitos como una manera de reducir la fatiga en las decisiones rutinarias. La idea es que si usted construye un hábito -por ejemplo: siempre comer ensalada para el almuerzo – evitará la decisión por completo, y usted podrá ahorrar su “energía de toma de decisiones” para otras cosas.

Esto funciona para las decisiones previsibles y rutinarias. Pero ¿qué pasa con las impredecibles? El segundo método es usar el pensamiento “si / entonces” para rutinizar opciones impredecibles. Por ejemplo, digamos que alguien constantemente me interrumpe y no estoy seguro de cómo responder. Mi regla “si / entonces” podría ser: si la persona me interrumpe dos veces en una conversación, entonces voy a decir algo al respecto.

Sin embargo, lo que no hemos resuelto aún son las decisiones impredecibles más estratégicas. Estas decisiones están relacionadas con la forma cómo responder a una amenaza competitiva, qué productos invertir más profundamente, cómo integrar mejor una adquisición, dónde reducir presupuesto, cómo organizar las relaciones de subordinación, y así sucesivamente.

Estas son precisamente el tipo de decisiones que pueden debatirse durante semanas, meses o incluso años, estancando el progreso de organizaciones enteras. Estas decisiones son imposibles de habitualizarse y no se pueden resolver con reglas “si / entonces”. Lo más importante, son decisiones para las que no hay una respuesta clara, correcta.

Los equipos de liderazgo tienden a perseverar sobre este tipo de decisiones por largo tiempo, recogiendo más datos, calculando excesivamente los pros y los contras, solicitando opiniones adicionales, lo que los retrasa de otras actividades mientras esperan que emerja una respuesta clara.

Pero ¿qué pasaría si usamos el hecho de que no hay una respuesta clara para tomar una decisión más rápida? Descubrí una solución simple para tomar decisiones difíciles con mayor eficiencia cuando me reuní con el equipo senior de liderazgo de una empresa de alta tecnología. Ellos se enfrentan a una serie de decisiones únicas, cuyos resultados no podrían predecirse con precisión.

“Son las 3:15 de la tarde”, señaló el CEO de dicha empresa. “Tenemos que tomar una decisión en los próximos 15 minutos”.

“Espera”, respondió un asesor, “esta es una decisión compleja. Tal vez deberíamos continuar la conversación en la cena, o en la siguiente reunión”.

“No”, el CEO fue resolutivo, “vamos a tomar una decisión en los próximos 15 minutos”, ¿y sabes qué? Lo hicimos. De ese modo descubrí mi tercer método de toma de decisiones: utilizar un temporizador. Si los temas sobre la mesa han sido analizados razonablemente, las opciones son igualmente atractivas, y todavía no hay un consenso, entonces admite que no hay manera claramente identificable de proceder, y simplemente decide.

Ayuda si usted puede tomar la decisión más pequeña, con una mínima inversión, para probarla. Pero si no puede, entonces simplemente tome una decisión. El tiempo que se ahorra al no deliberar inútilmente producirá enormes dividendos en su productividad.

Si está abrumado con demasiadas decisiones, tome un pedazo de papel y escriba una lista de ellas. Dése un tiempo determinado y luego, una a una, tome la mejor decisión que puede hacer en el momento. Tomar la decisión -cualquier decisión- reducirá su ansiedad y le permitirá seguir adelante.

En cuanto a mi almuerzo, pedí la ensalada de col. ¿Fue la mejor opción? No lo sé. Pero al menos no estoy todavía sentado ahí tratando de ordenar.

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