Bebés “a pedido”: el problema ético de la competitividad genética


Aug 21, 2015 mhernani Noticias

Fuente: The Economist

El genoma, es decir, el mapa de los genes de determinada especie, está escrito en un alfabeto de sólo cuatro letras: A (Adenina), T (Timina), G (Guanina) y C (Citosina), también llamadas bases nitrogenadas, son los componentes principales del ADN. Leer, estudiar y comparar las secuencias de ADN de los seres humanos, y de miles de otras especies, se ha convertido en una rutina para los científicos. Es así que, en la actualidad, una nueva tecnología promete hacer posible la edición de la información genética de manera rápida y barata. Esto podría corregir defectos genéticos terribles que asolan vidas, pero también anuncia la perspectiva lejana de padres que construyen hijos a la orden.

La tecnología se conoce como CRISPR, y emplea una técnica que utiliza ARN, un mensajero de información genética, diseñado específicamente para apuntar a una sección de ADN determinada; y una enzima, llamada nucleasa, que puede cortar genes no deseados y pegar nuevos. En realidad, existen otras formas de edición de ADN, pero CRISPR mantiene la promesa de hacerlo con una sencillez, velocidad y precisión sin precedentes. Esta técnica posee una vertiginosa gama de aplicaciones para desarrollar terapias contra enfermedades como el Alzheimer, el cáncer y el VIH. Por ejemplo, esta técnica ha permitido a los médicos cazar sólo los genes del cáncer o de la fibrosis quística, dejando ileso al resto de componentes de las células del paciente.

Pasarán años, tal vez décadas incluso, antes de que CRISPR se utilice para hacer bebés de diseñador. Pero los problemas que implica esta posibilidad ya son objeto de intensos debates. En abril, científicos en China revelaron que habían intentado usar CRISPR para editar genomas de embriones humanos, aunque estos embriones no pudieron finalmente desarrollarse. Ante este avance, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos organizó una conferencia para profundizar en la ética del CRISPR. El debate es muy necesario: CRISPR es una bendición, pero plantea algunos profundos cuestionamientos.

Además de cortar el ADN deseado, CRISPR aún encuentra a menudo objetivos también en otros lugares. Para alguien con una enfermedad terrible, el riesgo de daño colateral podría valer la pena. Pero para las aplicaciones de línea germinal, donde se sentirían los efectos secundarios en cada célula, la barra debe ser alta. En ese sentido podría tomar más de una generación para asegurar que la tecnología es confiable.

Otro cuestionamiento alrededor de CRISPR radica en su irrevocabilidad: si los genes se pueden editar en la época prenatal, ¿también podrían ser editados de nuevo, tanto en la misma época prenatal, como posteriormente? Esta técnica de edición de genes plantea el escenario de padres tomando decisiones que podrían no ser del mejor interés para sus hijos. Por ejemplo, padres académicos podrían querer aumentar la inteligencia de sus hijos a toda costa, incluso si ello afecta a su personalidad en otros aspectos, por ejemplo, en el plano de la sociabilidad.

Y si se hace posible retocar genes para hacer que los niños sean más inteligentes, ¿no será esta posibilidad mejor explotada por aquellos padres con más recursos económicos que por aquellos con recursos limitados? Esta posibilidad de manipulación, más que aquella referida al aspecto físico o a las preferencias artísticas, resalta un problema que impulsaría fuertemente la desigualdad social: si los seres humanos descendientes de personas adineradas vienen diseñados para ser más inteligentes desde su nacimiento, esto reduce la posibilidad de lograr el éxito a través del esfuerzo para el resto de la población con menos recursos.

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Fuente: selketvisiones.blogspot.com

Cabe resaltar que la Unesco ya ha recogido en una declaración internacional presentada en 2003, una grave preocupación expresada insistentemente desde hace años por científicos, éticos y juristas: la posibilidad de que las empresas y las compañías de seguros accedan a los datos genéticos de los individuos, obtenidos generalmente con fines médicos muy sólidos, y los utilicen para tomar decisiones sobre contrataciones, ascensos, despidos y pólizas.

En esa línea, la edición genética prenatal, fuera del ámbito de la corrección de enfermedades, debería estar limitada por ley al mejoramiento de aspectos físicos o preferencias artísticas exclusivamente, pues si bien son aspectos importantes para la constitución integral de un ser humano, resultan factores complementarios al aspecto de la capacidad cognitiva respecto a las posibilidades de desarrollo que abre este último aspecto.

Esto debido a que resultaría injusto que una élite dispuesta a gastar millones en la manipulación positiva de las potencialidades de inteligencia de su descendencia, pueda asegurar una capacidad cognitiva superior para sus hijos desde antes de nacer, frente a la imposibilidad del resto de familias para lograr este mismo objetivo, sin tomar en cuenta el contexto educativo y social favorable que hoy en día ya existe para los acaudalados, ni el azar biológico, que favorece a uno u otro grupo con individuos extraordinarios sin guiarse por incentivos económicos.

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