China en Latinoamérica: cómo domar al Dragón Rojo


La atención de China sobre los países ricos de América Latina refleja el impresionante aumento en el flujo de comercio bilateral entre ambas regiones. Este flujo se incrementó hasta llegar a US$200 mil millones en el 2010 desde casi nada en la década anterior. Venezuela, por ejemplo, representa hoy en día el 6% de las importaciones de petróleo chinas.

Para la región entera, China se ha convertido en una fuente alterna importante de financiamiento y comercio, sin embargo aún persisten algunos conflictos respecto a la diferencia de costos de producción entre el gigante asiático y los países de América del Sur. Es así que en Brasil las empresas manufactureras locales se han quejado desde hace tiempo de que la manufactura barata china desplaza a la producción local.

Un caso parecido también ocurrió en Perú, cuando la ropa China ingresó a competir con el emporio comercial de Gamarra, y obligó a cerrar muchos talleres debido a la imposibilidad del empresario nacional de competir con productos hechos en base a mano de obra muy barata.

Por su parte, el Departamento de Estado de EE.UU. ve la presencia de China en la región como parte de un proceso benigno de diversificación económica que es bueno para América Latina y por tanto para EE.UU, a diferencia de años anteriores, en que la potencia occidental consideraba que cualquier acercamiento del otrora país de Mao a América Latina representaba una incursión con tintes ideológicos revolucionarios.

Ciertamente, más competencia solamente puede ayudar a las economías de la región. Sin embargo, los países latinoamericanos, en orden de proteger sus industrias nacionales, deberán negociar con el Dragón Rojo el intercambio comercial de productos que no posean una línea productiva en dichos países. Por ejemplo, el Perú deberá evitar importar de china bienes de manufactura o procesamiento básico como ropa o productos agrícolas, y tendrá que incentivar el ingreso de productos con niveles de industrialización más elevados, como tecnología médica, automóviles, aparatos electrónicos para el hogar, etc.

De esa manera se contribuye a generar competencia leal entre las industrias básicas nacionales, y se inicia un proceso de intercambio internacional de tecnología y conocimientos que permitirá potenciar los sistemas productivos nacionales hacia bienes y servicios de mayor especialización y mejor calidad.

Fuente: El Comercio

Foto: actualidad.rt.com

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