Cómo aplicar la cantidad correcta de presión en tu equipo


Jul 1, 2016 mhernani Noticias

Fuente: HBR

Es común hablar del estrés como algo negativo, que hay que evitar, pero si usted está buscando aumentar la productividad de su organización, un poco de presión sobre los hombros de sus colaboradores siempre resulta beneficioso para motivar la acción.

Sin embargo, cuando el estrés es muy alto, esto puede ser contraproduscente. Se trata de hallar un equilibrio que no ahogue la creatividad necesaria para llegar a nuevas ideas, o desencadene el miedo de tomar un paso en falso en una situación de alto riesgo.

Este equilibrio denominado “Rango Productivo del Estrés” por John Kotter es un concepto muy útil para los administradores que están dirigiendo a sus compañías a través de procesos de cambio, pero ¿cómo llevarla del concepto a lo real? El primer paso es evaluar si hay indicios de que los niveles de esfuerzo de tu equipo no son suficientes para crear un cambio significativo.

Analiza si las personas están demasiado cómodas con el status quo – ya sea resistiéndose a la necesidad de cambiar, al referirse sin cesar a la “forma en que solían hacerlo”, o, si en general no se presionan a sí mismos para hacer el trabajo (es decir, llegan tarde, hacen pausas largas, y se apresuran para irse al final del día).

El reto más grande es identificar a las personas que están agobiadas por el exceso de estrés. Es complicado porque algunas personas tendrán una respuesta al estrés frenética, o de pánico, mientras que otros redirigirán esta energía hacia el interior de sí mismos, volviéndola algo útil.

Debido a que no existe un patrón único, busque desviaciones de la conducta normal de un empleado. ¿Alguien está trabajando horas mucho más largas, no toma descansos ni para almorzar, volviéndose irritable con sus compañeros de trabajo? Entonces es probable que el estrés le esté pasando la factura.

Una vez que tenga una idea de los niveles de esfuerzo de su equipo, podrás saber si necesita aumentar la intensidad de la presión ejercida sobre ellos, o si debe bajarle un poco a las revoluciones. Existen varias técnicas que se pueden utilizar para cada escenario:

Si usted cree que hay muy poca tensión en su equipo, aumente la frecuencia de la retroalimentación que proporciona, disminuyendo la intensidad de la misma: monitoree con mayor constancia los avances del equipo, brinde sugerencias, proponga planes de acción, delibere hasta llegar a puntos de acuerdo en la medida de lo posible, etc. pero no busque culpables, ni reproche o imagine escenarios de lo que “debió ser”.

Por otro lado, a menudo, como gerente, haz invertido mucho en el rendimiento de tu equipo, y estás dispuesto a tomar el relevo del bajo rendimiento para evitar un mal resultado. Esto sólo refuerza la percepción de los empleados de que no tienen que cambiar.

En su lugar, permite que los malos resultados sigan su curso natural (o al menos muestra que tienes la intención de hacerlo, y lleva esta intención hasta las últimas consecuencias posibles), ya que esto puede servir para “despertar” a tus colaboradores, al aumentar sus niveles de estrés.

Saber cómo aumentar la presión es valioso, pero a veces existe el problema opuesto, y es necesario reducir un poco las dosis de estrés sin reducir la productividad de la empresa, por supuesto.

En este punto, durante las retroalimentaciones que realices, debes tomar en cuenta resaltar los avances que realice el equipo: esto ayudará a que las críticas que comuniques o el mayor estrés que provoques tengan un menor impacto negativo en tus colaboradores.

Si su proyecto tiene dimensiones intimidantes, debe tener cuidado en cómo lo presenta: no comience mostrando el proyecto en toda su magnitud, sino divida su presentación en partes según cómo deberá trabajarlo cada colaborador o grupo de colaboradores. Esto se debe a que si presentamos el proyecto inmenso a todos los colaboradores, sin explicar al mismo tiempo qué parte le toca a cada uno, las personas se sentirán intimidadas no sólo por la magnitud del objetivo, sino por la incertidumbre de no saber qué porcentaje de él estará bajo su responsabilidad.

Tome en cuenta que las emociones en la oficina pueden ser contagiosas, y la forma más sencilla de bajar las revoluciones del estrés en tu equipo es mostrar con tus palabras y lenguaje corporal que crees que todo saldrá bien. Si estás caminando de acá para allá podrás incitar el pánico en todo el mundo. A veces uno se deja llevar por el estrés pues no tenemos grabada en la mente la noción de que la calma es fundamental para solucionar cualquier problema, mucho más si nos encontramos liderando un equipo.

En algunos casos, los niveles de estrés de los miembros de tu equipo estarán uniformemente altos o bajos. Eso te permite utilizar un enfoque común para todo el mundo. Por desgracia, es más probable que diferentes personas estén en muy diferentes niveles de estrés; algunos prosperarán bajo mayor presión en el calor del momento y otros se debilitarán ante ella.

Ante este tipo de situaciones, debes tomarte el tiempo de tener conversaciones personalizadas con cada uno de los colaboradores que lo necesite, con el objetivo de recalibrar la presión que se ejerce sobre cada uno según sus aptitudes y obligaciones.

Si estás acostumbrado a conversar con su equipo de manera general, esto podría requerir un cambio en el enfoque de acercamiento a tus colaboradores; esto si confías en que su talento vale la pena ser explotado hasta el punto de considerar conveniente un diálogo uno a uno. En ese caso, vale la pena dedicar tiempo y esfuerzo a esta tarea.

Independientemente de que la presión deba aumentar o disminuir en tu organización, tu trabajo como gerente consiste en vigilar constantemente y hacer las correcciones necesarias en el camino, para mantener a tu equipo en la gama productiva del estrés.

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