¿Cómo los científicos están utilizando las redes sociales?


Dec 10, 2014 mhernani Noticias

Fuente: Nature

El microbiólogo nigeriano Emmanuel Nnadi necesitaba ayuda para secuenciar algunos hongos patógenos resistentes a los fármacos en 2011. Lamentablemente, Nnadi  no tenía la experiencia ni el equipo necesarios; así que investigó en Internet y encontró la página ResearchGate, una red social para académicos gratuita. Disparó un par de e-mails, y cuando recibió una respuesta del genetista italiano Orazio Romeo, sintió que había nacido una colaboración internacional.

Durante los últimos tres años, ambos científicos han trabajado juntos contra las infecciones por hongos en África: Nnadi continúa enviando sus muestras a Romeo en la Universidad de Messina (Italia) para el análisis, y ambos ni siquiera se conocen.

Ijad Madisch, un ex médico y virólogo alemán, cuenta la historia de Nnadi y Romeo como un ejemplo de los éxitos de ResearchGate, web que fundó con dos amigos hace seis años. Conocido esencialmente como una versión académica de Facebook o LinkedIn, el sitio ofrece a los miembros un lugar para crear páginas de perfil, difundir textos, descargar archivos y discutir la investigación.

“Más de 4,5 millones de investigadores se han inscrito en ResearchGate, y otros 10.000 llegan todos los días”, dice Madisch. Esa cifra es realidad una miseria en comparación con los 1,3 billones de usuarios activos de Facebook, pero resulta sorprendente para una red a la que sólo los investigadores pueden unirse.

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En un mundo globalizado, la conexión interdisciplinaria internacional es fundamental para el desarrollo de conocimiento como patrimonio de la Humanidad y no sólo de una nación en particular. Fuente de Foto: www.telam.com.ar

EL DESAFÍO DE FORMAR UNA RED SOCIAL ACADÉMICA

El fundador de ResearchGate espera que su página web se convierta en un punto de encuentro clave para los científicos que desean participar en la discusión, realizar colaboraciones o compartir los resultados negativos que podrían de otro modo nunca ser publicados.

Hace unos años, la idea de que millones de eruditos se apresuraran a unirse a una red social académica gigante parecía imposible: la lista de esfuerzos fallidos para lanzar un ‘Facebook para la ciencia’ incluyen Scientist Solutions, SciLinks, Epernicus, 2collab y Nature Network. Algunos observadores especularon que esto se debía a que los científicos se mostraran cautelosos de compartir datos, documentos y comentarios en línea – o si querían compartir, preferirían hacerlo en sus propios términos, en lugar de a través de un sitio de propiedad privada.

Pero parece que los esfuerzos anteriores se adelantaron a su tiempo (o quizá simplemente estaban mal implementados). Hoy en día, ResearchGate (con un capital de US$35 millones, del cual Bill Gates es uno de los acreedores) es sólo una de las varias redes sociales académicas que se están convirtiendo en fenómenos virales.

Su principal competidor es Academia.edu, una web con más de  11 millones de usuarios, fundada en 2008, que ya ha recaudado alrededor $ 17,700,000. Un tercer sitio, Mendeley, con sede en Londres, afirma poseer 3,1 millones de miembros y US $ 76 millones en capital.

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En la foto, de izquierda a derecha, el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el fundador de ResearchGate, Ijad Madisch. Dos cerebros a favor del desarrollo del conocimiento mundial. Fuente de Foto: explore.researchgate.net

FÓRMULA GANADORA

Sin embargo no está nada claro qué parte de la actividad en estos sitios implica participación productiva, y que cantidad termina siendo pura curiosidad por parte de profanos.

En ese sentido, Nature buscó separar el trigo de la paja, y realizó un proceso de envío de decenas de miles de correos electrónicos a investigadores para preguntarles cómo utilizan las redes sociales y otros servicios de búsqueda de documentos, recibiendo más de 3.500 respuestas de 95 países diferentes.

Los resultados confirman que ResearchGate es ciertamente la web más conocida: más del 88% de los científicos e ingenieros encuestados dijeron que conocían la página- un poco más de los que habían oído hablar de Google+ y Twitter -, mostrando poca diferencia entre los resultados de diferentes países. Poco menos de la mitad dijeron que la visitan con regularidad, poniendo la página en segundo sitio por debajo de Google Scholar, y por delante de Facebook y LinkedIn. Además, casi el 29% de los visitantes regulares había inscrito un perfil en ResearchGate el pasado año.

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Fuente de Foto: Nature

DESGLOSE TÁCTICO

Sin embargo, algunos científicos afirman irritados que el sitio se nutre muy bien de los instintos humanos, enviando periódicamente correos electrónicos automatizados que profesan venir de colegas activos en el sitio, atrayendo así a otros a unirse con falsos pretextos. (De hecho, el 35% de los usuarios ResearchGate regulares en la encuesta de Nature afirman haberse unido al sitio debido a que recibieron un e-mail). Al respecto, Lars Arvestad, un científico de computación en la Universidad de Estocolmo, está harto de la táctica.

“Creo que es una especie vergonzosa de marketing y estoy eligiendo no utilizar su servicio a causa de eso”, dice. Algunos de los perfiles aparentes en el sitio no son propiedad de la gente real, pero se crean automáticamente – e incompletamente – fusionando detalles de afiliaciones de personas y publicaciones reales. Eso molesta a los investigadores que sienten que las páginas tergiversan la información, especialmente cuando descubren que ResearchGate no elimina los falsos perfiles cuando se le solicita hacerlo.

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Imagen de los logos de las 3 principales redes sociales académicas a nivel mundial actualmente. Fuente de Foto: en.wikipedia.org/estebanromero.com/www.sacredandsequential.org

EL PROBLEMA DE LOS DERECHOS DE AUTOR

Por otra parte, los editores de publicaciones científicas están preocupados de que las redes sociales académicas podrían convertirse en plataformas de contenido subido ilegalmente. A finales de 2013, Academia.edu recibió más de 3000 avisos de violación de la Ley de Derechos de Autor Digital de Estados Unidos, exigiendo que se retiren documentos para los que el editor poseía los derechos de autor. Un investigador anónimo que recibió una solicitud de cancelación dijo a Nature: “No conozco científicos que no violen las leyes de derechos de autor. Nosotros volamos por debajo del radar y esperamos que los editores no se dan cuenta”, afirma.

“Esto es realmente parte de una batalla más amplia donde los académicos quieren compartir sus trabajos libremente en línea, mientras que los editores quieren mantener el contenido detrás de un muro de pago para obtener beneficios económicos”, agrega el colaborador anónimo, señalando el matiz de que muchos editores permiten a los investigadores subir una versión aceptada de su manuscrito, pero no el PDF final.

“Vemos los cambios en el mercado, y observamos que los académicos quieren compartir abiertamente su trabajo. La marea está empezando a virar en nuestra dirección “, finaliza el fundador de ResearchGate

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