El futuro de los carros eléctricos está en Latinoamérica


Oct 27, 2016 mhernani Noticias

El litio es el elemento base de las baterías de diversos productos como smartphones y tablets, pero según los datos de la consultora IHS Chemical, el 33% de su consumo está vinculado con la producción de baterías para autos eléctricos. En 2016, la demanda estimada de toneladas de la denominada nueva gasolina para la producción de estas baterías rondará las 20.000 toneladas, y para 2025 se espera que llegue a las 300.000. Con esta creciente demanda se han disparado también los precios, que en algunos mercados han llegado a un incremento de 200%, en un contexto en el que se proyecta que para 2020 habrá unos siete millones de estos vehículos.

El litio sudamericano

Este boom de los autos eléctricos debería ser aprovechado por los países latinoamericanos, especialmente por los países del llamado “triángulo del litio” (Argentina, Bolivia y Chile), territorio que concentra el 60% de las reservas mundiales de ese mineral (mientras que en el resto de la región se han descubierto pocos yacimientos con considerable presencia de litio). Es más, se debería pensar en una estrategia regional conjunta entre los países productores del también llamado oro blanco para agregar valor a la extracción de esa materia prima, llamada a ser un recurso natural fundamental en las próximas décadas.

Si bien contar con tan fácil acceso a la materia prima es importante para los países del triángulo, la apuesta debe ser lograr una industrialización a partir de su extracción. Pero para llegar a la industrialización, primero habría que consensuar las políticas ya existentes sobre la extracción, que difieren según el país. “Mientras en Bolivia el control del Estado es prácticamente absoluto, en Chile predomina la empresa privada”, explica Bruno Fornillo, doctor en Geopolítica por la Universidad de París y coordinador del libro “Geopolítica del Litio”, publicado en 2015.

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Los vértices que dan forma al “triángulo del litio” están en el salar de Hombre Muerto (Argentina), el salar de Uyuni (Bolivia) y el salar de Atacama (Chile). En la foto: el salar de Atacama.

Precisamente Chile ha tenido un problema con la empresa encargada de extraer el mineral, la Sociedad Química y Minera de Chile SA, luego de que el Estado la acusara de haber pagado menos de lo que debe por sus actividades en el desierto de Atacama. Chile posee el 17,8% de las reservas conocidas de litio del mundo, casi en su totalidad en salmuera contenida en los grandes salares de dicho desierto. Sin embargo, debido a este conflicto, Argentina parece estar moviéndose más rápido para capturar la creciente demanda de litio, más aún cuando el presidente Mauricio Macri ha eliminado los controles cambiarios y de capital, así como un impuesto a la exportación de minerales, a los efectos de atraer inversión.

¿Y el Perú?

Fission 3.0, la minera canadiense que busca uranio en la región Macusani de Puno, además de identificar importantes recursos de este mineral radioactivo, ha determinado que la región también es altamente prospectiva para el litio. En los proyectos de Plateau Uranium, adyacentes a las propiedades de Fission, se han descubierto cantidades considerables de litio dentro de sus depósitos. En ese sentido, el gobierno debe tomar en cuenta la importancia de que nuestro país no se quede atrás en este boom del litio para la elaboración de baterías de autos eléctricos, y aproveche las oportunidades de inversión no sólo para la extracción sino también para la industrialización de este producto.

En síntesis, la región latinoamericana no debe desaprovechar esta oportunidad para generar inversión respetuosa del medio ambiente, no solamente porque el producto final estará destinado a automóviles eléctricos, sino también porque la extracción del litio es ecoamigable. Esperemos que los países involucrados en el triángulo del litio puedan equilibrar sus políticas de extracción e industrialización, y formen algún tipo de cooperación interregional en este ámbito, con el fin de que esta actividad no acreciente su dependencia a la exportación de materias primas, sino que motive el desarrollo de cadenas de valor industrializadas, en las que el Perú no debería quedarse afuera. 

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