El hombre que fabricaba órganos


Sep 19, 2016 mhernani Noticias

Fuente: Elaboración propia

Anthony Atala es uno de los peruanos que hace historia en el mundo: el médico urólogo y cirujano pediatra, director del Instituto Wake Forest de Medicina Regenerativa en Carolina del Norte (USA), hoy revoluciona la medicina gracias a una impresora increíble capaz de crear órganos en 3D para ser implantados en sus pacientes más graves.

Nació en Lima pero llegó a Estados Unidos de 11 años, donde estudió Psicología en la Universidad de Miami, completando posteriormente su residencia en la Universidad de Louiseville y realizando sus pasantías en las Harvard Medical School.

El Dr. Atala dirige un equipo de más de 450 médicos e investigadores. Ha publicado más de 500 artículos en revistas y ha solicitado o recibido más de 250 patentes nacionales e internacionales. El trabajo del Dr. Atala fue catalogado en 2007 como uno de los 10 principales avances médicos de la revista Time del año. Ese mismo año, Discover Magazine lo incluyó como el número 1 del Top de Historia de la Ciencia en el campo de la medicina,

La revista Time en 2011 determinó que sus investigaciones eran uno de los 5 mejores avances médicos del año. El Huffington Post en 2011 determinó que sus proyectos estaban dentro de la lista de 18 grandes ideas para el futuro, y la revista Time en 2013, los incluyó dentro del ranking de los 5 descubrimientos que cambiarán el futuro de los trasplantes de órganos.

El Dr. Atala fue nombrado por la revista Scientific American en 2010 como Líder del Año por sus contribuciones a los campos de células, tejidos y la regeneración de órganos. US News & World Report en 2009 lo describió como uno de los 14 pioneros del progreso médico en el siglo 21. La Asociación estadounidense de Jubilados en 2012 lo delcaró una de las 50 personas influyentes para lograr una mejor vida. Finalmente, la Scientific American en el año 2015 lo catalogó como una de las personas más influyentes del mundo de la biotecnología.

El trabajo que viene realizando, denominado “Sistema Integrado de Impresión de Tejidos y Órganos” (ITOP, por sus siglas en inglés), imprime un material en el que las células humanas se mantienen vivas en un gel y mantienen su estructura.

La impresora tiene “boquillas muy pequeñas que pueden imprimir a niveles de dos micrones, básicamente la octava parte del diámetro de un cabello humano”, explica Atala. “Las células pasan por las boquillas en un líquido y una vez que tocan una superficie adquieren una consistencia de gelatina, de forma que el líquido no se dispersa”, agrega.

DESAFÍOS

Según la revista Nature Biotechnology, la bioimpresora debe responde a tres grandes desafíos. Los dos primeros son que las células sobrevivan al proceso de impresión y mantengan su estructura. “El tercer elemento es que esas células puedan recibir nutrición para sobrevivir. Para eso creamos microcanales en la estructura, como un sistema de avenidas para que puedan llegar los nutrientes”, indica el peruano.

El entramado de microcanales permite que, una vez implantado el tejido, los nutrientes y el oxígeno en el cuerpo humano alimenten esas estructuras y desarrollen un sistema de vasos sanguíneos.

Investigaciones anteriores demostraron que un tejido vivo implantado que no ha sido capaz de desarrollar vasos sanguíneos sobrevive de nutrición externa a su periferia sólo si es muy pequeño, menor de 200 micras o 0,1778 milímetros.

Sin embargo recientemente Atala y sus colegas han logrado crear, además de piel, uretras, cartílago, vejigas, músculo y vaginas, una oreja destinada para el uso de bebés que mide 38,1 milímetros y presentaba signos de vascularización dos meses después de ser implantada. Su nuevo objetivo es regenerar órganos más complejos, como el riñón, y piensa lograrlo utilizando una impresora 3D que permite crear tejido humano.

LA COMPLEJIDAD DEL RIÑON

Si el equipo de Wake Forest ya ha logrado implantar con éxito desde uretras a vaginas, ¿por qué es tan difícil avanzar en el caso del riñon? “Básicamente, cuando hablamos de tejidos hay cuatro niveles de complejidad”, explicó Atala.

“Todos los tejidos son complejos, pero los menos complejos son las estructuras chatas como la piel, que tiene principalmente un tipo de células”, puntualiza.

Y el cuarto nivel es el de los órganos más complejos, los órganos sólidos como el hígado, los riñones o el corazón, que tienen muchas más células por centímetro y en los que hay una vascularidad sofisticada que los científicos aún no han logrado replicar, según señala el investigador.

EL FUTURO DEL TRASPLANTE DE TEJIDOS

Atala no especula sobre la posibilidad de que veamos un riñon bioimpreso en los próximos años. “En ciencia nunca se puede predecir, hay muchas incertidumbres. Nuestra meta es expandir el trabajo que hacemos a tejidos y órganos más complejos”.

Aunque los avances en las investigaciones para imprimir nuevos tejidos son muy rápidos, Atala no quiere vaticinar cuándo seremos capaces de crear órganos completamente funcionales. Puede que sea en quince o veinte años. Tal vez en menos.

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