Enterremos la idea del “genio solitario” en el proceso de innovación


Apr 6, 2016 mhernani Noticias

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Fuente: Harvard Business Review

Cuando Alexander Fleming, un científico brillante pero a veces descuidado, regresó a su laboratorio después de unas vacaciones de verano en 1928, encontró que su trabajo se había arruinado. Los cultivos de bacterias en los que había estado trabajando estaban contaminados por hongos que habían matado todas las colonias de bacterias.

La mayoría de la gente simplemente habría comenzado de cero, pero Fleming cambió su enfoque desde las bacterias hacia los hongos. Identificó la sustancia en los hongos que mata a las bacterias, y la llamó “penicilina”. Al parecer, de un solo golpe, Fleming había creado el campo de los antibióticos.

Al menos, así es como la historia a menudo se cuenta, y esa versión lo único que hace es confundir a la gente sobre cómo reamente funciona la innovación, al presentarla como un aislado destello de brillantez o como un solitario ¡eureka! La verdad es más compleja que esa historia, pues no fue hasta 1943 que la penicilina entró en uso masivo. ¿Por qué la principal droga del siglo XX tardó tanto en mostrar resultados medibles a gran escala?

Cuando Fleming publicó sus resultados en 1929, pocos se dieron cuenta. Él no era un químico, y no pudo estudiar en detalle la penicilina o sintetizarla en un compuesto viable. En pocas palabras, Fleming no tenía los conocimientos necesarios para diseñar su descubrimiento en una solución práctica al problema de la enfermedad. Así que en lugar de cambiar el mundo, el primer antibiótico permaneció oculto como un hallazgo oscuro en una revista científica.

No fue hasta 1939, una década más tarde, que los químicos Howard Florey y Ernst Chain se enteraron de la investigación de Fleming, e inmediatamente comprendieron su significado. Desarrollaron un método para producir penicilina en cantidad, y comenzaron a experimentar con ratones, y, finalmente, en seres humanos, obteniendo resultados increíbles. Estaba claro que este nuevo fármaco tenía el potencial de transformar la medicina.

Sin embargo, para tener un impacto significativo en el mundo, la penicilina debía ser producida en cantidades masivas, algo que estaba lejos del alcance de los dos investigadores químicos. Fue entonces que Florey se acercó a la Fundación Rockefeller, la cual aportó nuevos fondos para desarrollar nuevos métodos de fermentación, logrando de esa forma que el fármaco pueda ser producido en masa.

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Fleming, Florey y Chain recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1945. Fuente: www.amazon.com

En 1943, con la Segunda Guerra Mundial en curso, la Junta de Producción de Guerra de los EE.UU. encomendó a 21 empresas la producción de este medicamento para el esfuerzo de guerra, salvando innumerables vidas y marcando el comienzo de la nueva era de los antibióticos.

Esto finalmente dio a la droga la magnitud que se necesita para tener un impacto real, y debido a ello, Fleming, Florey y Chain recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1945. En ese sentido, basta echar tan sólo un vistazo a cualquier innovación significativa, para destruir el mito del genio solitario y del “momento eureka”

En primer lugar, una gran idea o un nuevo descubrimiento nunca es suficiente. Para que una innovación tenga un impacto, es necesario ciertamente que haya un descubrimiento o una idea importante; pero también un sistema de producción que viabilice la idea,  y, además, un modelo de negocio que permita comercializar la invención.

En segundo lugar, los genios rara vez actúan solos. El trabajo pionero de Fleming sobre la penicilina no sólo fue apoyado por Florey y Chain sino también construido sobre el trabajo de científicos anteriores como Ignaz Semmelweis, Louis Pasteur y Robert Koch. Por otra parte, esta innovación nunca habría encontrado su aplicación práctica sin el apoyo de la Fundación Rockefeller y el gobierno de EE.UU.

Sin embargo, considere que, si bien el apoyo gubernamental ha sido fundamental tanto en los avances médicos como en los desarrollos tecnológicos, tales como el Internet o el GPS, la gran mayoría de los innovadores se encuentra con una gran barrera en el último paso de la innovación: averiguar el modelo de negocio.

Eso fue exactamente el problema que Chester Carlson, desarrollador de la fotocopiadora, tuvo que superar. Luego de tener un prototipo de su invención, se asoció con la compañía Haloid, logrando un producto superior al de la competencia, pero con un costo de venta de casi 10 veces más.

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Mientras que la innovación de producto de Carlson fue científicamente brillante, se requirió la innovación del modelo de negocio de Joe Wilson para crear un impacto en el mundo. Fuente: mrdomingo.com

Los socios trataron de interesar a las grandes empresas de entonces – Kodak, IBM y GE – pero todos pusieron reparos, pues no encontraban una propuesta de valor que justifique el elevado costo.

Entonces Joe Wilson, el presidente de Haloid, tuvo una idea de mil millones de dólares: en lugar de vender las máquinas, ¿por qué no alquilarlas? La idea despegó, y la empresa se transformó en lo que hoy conocemos como Xerox. Mientras que la innovación de producto de Carlson fue científicamente brillante, se requirió la innovación del modelo de negocio de Joe Wilson para crear un impacto en el mundo.

Así, a veces nos gusta creer que algunas personas son innovadoras y otras no lo son, pero la verdad es que todos tienen un potencial papel que desarrollar: científicos e ingenieros, expertos en marketing y contadores, vendedores y especialistas en producción. Es por eso que necesitamos tratar a la colaboración como una de las ventajas competitivas más importantes, sobre todo hoy, cuando los problemas que tenemos que resolver son mucho más complejos que en el pasado.

Y eso significa que tenemos que repensar radicalmente la forma en que nos acercamos a la innovación. Para ello necesitamos crear una cultura que inspire el trabajo en equipo en lugar de sólo los logros individuales: la gran innovación sucede cuando un conjunto diverso de habilidades se integran para resolver efectivamente los problemas.

Es hora de tirar los viejos mitos sobre genios solitarios y momentos ¡eureka!. Las innovaciones verdaderamente radicales no son un evento aislado, ni son alcanzados por una sola persona, o incluso por una sola organización. Más bien, ocurren cuando las ideas se combinan para resolver problemas importantes.

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