La Economía Naranja: una revolución en la industria cultural


Dec 15, 2014 mhernani Noticias

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo

Desde hace unos años se viene empleando el concepto de Economía Naranja para describir al conjunto de actividades que permiten transformar ideas creativas en bienes y servicios con alto valor agregado.

Sabemos que muchas empresas relacionadas con la música, el teatro, los carnavales, los videojuegos, el diseño, la radio, el arte y la televisión tienen una gran oportunidad en el desarrollo de varias iniciativas de conocimiento abierto que exploren nuevos usos para la tecnología, sin embargo, mucha gente aún desconoce el potencial que representan para el desarrollo económico.

Según el creador del concepto, Felipe Buitrago Restrepo, consultor de la División de Asuntos Culturales, Solidaridad y Creatividad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el naranja se suele asociar con la cultura y la creatividad. Desde los jeroglíficos del Egipto antiguo hasta las celebraciones modernas del Halloween, el color naranja se relaciona con los rituales y eventos culturales, artísticos y religiosos, e incluso algunas culturas también lo relacionan con el liderazgo, la creatividad y el bien social.

 

Hablando de cifras, si la Economía Naranja fuera un país, sería la cuarta economía del mundo, ocuparía el noveno lugar como exportador de bienes y servicios, y representaría la cuarta fuerza laboral del planeta. Actores, músicos, diseñadores, arquitectos y en general los creativos tienen un enorme potencialidad de crear empleos, al punto de que el 6,1% de la economía mundial depende de estas iniciativas.

Sólo en América Latina la economía naranja genera más de 177.000 millones de dólares anuales y da empleo a más de 10 millones de personas, muchos de ellos jóvenes. En Buenos Aires, por ejemplo, uno de cada 10 empleos y nueve de cada 100 pesos son generados por empresas de este sector, y en total para Argentina estamos hablando de unas 550.000 personas que, con su creatividad y esfuerzo, contribuyen con el 3,8% del PIB nacional.

El desarrollo de la conectividad explica la velocidad del crecimiento de la Economía Naranja, dado que el comercio de servicios creativos crece 70% más rápido que el de bienes creativos, y estas transacciones ocurren de manera creciente a través de Internet. El teléfono necesitó 35 años de comercialización para que la cuarta parte de los hogares de Estados Unidos tuviera uno. A la televisión le tomó 26 años alcanzar ese porcentaje, a la radio 22, a los computadores 16, a Internet 7 y a Gmail, Facebook, Twitter, Instagram, Linkedin y los discos duros en la nube 2 años.

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Entre los principales representantes de la Economía Naranja en Latinoamérica, encontramos al Circo Ciudad en Bogotá y al Sistema de Orquestas juveniles de Venezuela. Fuentes de Foto: Facebook Circo Ciudad / http://fundamusical.org.ve/

En su recientemente publicado (y muy didáctico) libro “La Economía Naranja: una oportunidad infinita”, Buitrago desafía a los jóvenes a que desarrollen modelos de negocios basados en las “mentefacturas”, bienes y servicios que como el arte, el diseño, los videojuegos, las películas y las artesanías, llevan consigo un valor simbólico intangible que supera a su valor de uso. En ese sentido, la Economía Naranja plantea que estos jóvenes habiten en “creatópolis”, ciudades creativas donde se integren comunidades creativas alrededor de un proyecto común de desarrollo social y economía sostenible.

En las creatópolis se organizan clusters creativos con una concentración de negocios basados en la Economía Naranja, interactuando unos con otros de manera coopetitiva (cooperar para hacer crecer el pastel, competir para dividirlo). Casos emblemáticos de clústeres creativos modernos son Soho en Londres y el Centro Metropolitano de Diseño en Buenos Aires.

Con el objetivo de consolidar masivamente las kreatópolis planteadas por Buitrago (y no mantenerlas como islas utópicas), el autor plantea tres acciones básicas para  afianzar la Economía Naranja a nivel mundial:

1. Generar información de acceso público sobre las industrias culturales a través de la participación del estado y de la empresa privada.

2. Fomentar la presencia activa del Estado a través de la generación de (A) infraestructura necesaria para el desarrollo de la industria cultural, así como de (B) sistemas digitales que faciliten la interconectividad creativa.

3.  Generar o regenerar tejido social y convertir poblaciones vulnerables en agentes de progreso económico. La Economía Naranja tiene capacidad de crear empleos con bajos niveles de inversión a través de microcréditos y su articulación con proyectos comunitarios de participación, como por ejemplo el Circo Ciudad en Bogotá o el Sistema de Orquestas juveniles de Venezuela.

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