Mi empresa cambió al jefe por un robot


Oct 9, 2014 mhernani Noticias

Mi nuevo jefe no tiene favoritos, ni participa en los rumores de la oficina. Sus instrucciones son claras, y a la hora de evaluar mi rendimiento, hace observaciones valiosas y las respalda con ejemplos. Mi jefe parece perfecto, pero no lo es: es casi perfecto. Es un robot.

Una gestión totalmente automatizada puede parecer algo lejano, pero en los últimos años una serie sorprendente de funciones administrativas han sido transferidas a la inteligencia artificial: las computadoras están seleccionando currículum vitae de candidatos a un empleo con experiencia compatible, evalúan también durante cuánto tiempo el probable empleado se quedará en la empresa, y hacen un seguimiento del intercambio de correos electrónicos, llamadas e incluso las conversaciones imprevistas en el pasillo para así monitorizar el flujo de trabajo y recomendar cambios.

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EL ROBOT Y LA SUBJETIVIDAD

Sin embargo, para Peter Cappelli, profesor de Gestión de Wharton, los jefes-robot no podrán sustituir al ser humano: “el software puede dar informaciones cuantitativas —es decir, datos del tipo ‘esto es lo que usted está haciendo’— pero la gestión sigue siendo una actividad mucho más complicada, porque requiere ajustes en el trabajo en proceso, de manera que se prevengan y diagnostiquen oportunamente problemas imprevistos”.

Frente a esta postura, Shawndra Hill, profesora de Gestión de Operaciones de Wharton, afirma que “actualmente existen datos que se pueden vincular a resultados de casi una infinidad de situaciones a través de modelos informáticos, permitiendo que con el uso de robots las empresas lidien con esos problemas subjetivos de maneras que antes no imaginábamos”.

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HORARIOS AUTOMATIZADOS

Muchos detractores afirman que una incursión muy explícita de la gestión automática podría incomodar a los trabajadores, especialmente cuando el software que actúa como jefe saca lo humano de la ecuación.

Por ejemplo, la cadena de cafeterías Starbucks emplea un programa de software que analiza los patrones de ventas y otros datos para elaborar los horarios de sus empleados. La práctica salió a relucir en un reportaje de New York Times que documentaba las consecuencias negativas de un horario dictado por un algoritmo: los programas no tomaban en cuenta de qué modo esos horarios podían o no interferir con las necesidades de los empleados que tienen hijos a su cargo y otras obligaciones domésticas.

Ante esta situación, Matthew  Bidwell, profesor de Gestión de Wharton,  afirma que en realidad la computadora no perjudica a las personas, sino las personas que tienen la computadora son las que perjudican a otras personas.

En este caso particular, los gerentes de Starbucks no tomaron en cuenta la opción de evaluar los aspectos personales de sus trabajadores dentro del espectro de decisión del software adquirido.

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LA AUTORIDAD DE LA MÁQUINA

Sin embargo, a pesar de la “deshumanización gerencial” que podrían representar estas nuevas tecnologías, estudios demuestran que las personas están dispuestas a aceptar con facilidad la autoridad del robot.

Investigadores del Laboratorio de Ciencias de la Computación y de Inteligencia Artificial de MIT analizaron tres distribuciones de equipos formados por dos humanos y una computadora. En una de ellas, el elemento humano adjudicaba tareas; en otra, la computadora se encargaba de la adjudicación y, por último, computadora y ser humano compartían su autoridad. La opción en que el computador solo daba las instrucciones no fue sólo la más eficiente, sino también la preferida de los trabajadores. Ellos dijeron que los robots “los comprendían mejor” y que “mejoraron la eficiencia del equipo”.

Por su parte, Cappelli identifica otro incentivo para que el trabajador acepte al gerente autómata: “si el asunto fuera presentado en términos de autogestión — es decir, ‘usted no necesita un jefe, le basta, en lugar de eso, pasar las informaciones que tiene a su software’ — al trabajador tal vez le guste”. En otras palabras, “líbrese de su jefe”, dice Cappelli.

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LA PÉRDIDA DEL EMPLEO PREOCUPA

Un estudio de la Universidad de Oxford de 2013 analizó 702 ocupaciones y calculó que la automatización del trabajo amenaza a un 47% de la fuerza laboral americana. Los profesionales del área de crédito, por ejemplo, tal vez debieran pensar en ampliar su currículum vitae. Su función está en el tope de la lista, ya que la posibilidad de que su actividad sea sustituida por un robot es del 98%. Otras funciones vulnerables: personas que trabajan en mostradores de informaciones y recepcionistas; asistentes y técnicos jurídicos, e incluso cocineros y camareros de locales de comida rápida.

Por otro lado, las herramientas analíticas de personas también tienen algo de Gran Hermano, ya que son muy invasivas. ¿Los empleados no van a oponerse a que sus movimientos estén tan escrutados? Ellos, en general, no tienen ninguna protección legal contra ese tipo de recogida de datos, dice Laura Pincus, Hartman, profesora de Ética en los negocios de la Universidad DePaul, quien afirma que, sin embargo, “si una cantidad significativa de personas encontrara la situación demasiado invasiva— como, por ejemplo, cámaras de vídeo en el baño— nadie sería capaz de imponer esos procedimientos”.

Fuente y Foto: Knowledge at Wharton

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