La nueva economía peruana y sus “apóstoles” sin Cristo.


Basado en el texto de Luis Felipe Gamarra, publicado en La Republica el 19 de junio de 2014

En el Perú, las tres últimas décadas han representado un salto sin precedentes en la historia de la economía: el mercado cerrado y protegido en el caparazón del Estado que hubo hasta fines de los años ochenta se convirtió de pronto en una economía hambrienta de capital extranjero.

La globalización aterrizó en el Perú con la fuerza de un meteoro, propiciando que aquellos conglomerados locales que no supieron adaptarse fueran absorbidos por las grandes transnacionales extranjeras.

En este periodo de transición nació una generación de empresarios con una mentalidad distinta, que después de más de dos décadas se han transformado –según reportes como el Perú Top 10.000– en los nuevos apóstoles de la economía, ejecutivos que transitan entre Lima, Nueva York y Londres, cuyo mercado es el mundo entero.

El evangelio del capital 

En 1986, Alan Garcia se reunio con representantes de las familias Benavides de la Quintana (Buenaventura), Brescia (Grupo Brescia), Romero (Grupo Romero), Lanata Piaggio (Pilsen), Wiese (Banco Wiese), Bentín Mujica (Backus), Picasso Candamo (Agroindustria San Jacinto), Raffo (San Cristóbal), Ferreyros (Maquinarias), Nicolini (Nicoloni Hnos.), Olaechea-Álvarez Calderón (Banco de Lima), Piazza Tangüis (Cosapi) y Delgado Parker (Panamericana), que en el Perú Top 1.500 (predecesor del estudio actual) figuraban en los primeros lugares de la producción nacional. A todos ellos, a los que desde entonces se les comenzó a llamar “Los 12 apostoles”, García (no hay apóstoles sin Cristo -de Chorrillos-) les ofreció una “política de concertación selectiva”, que no era otra cosa que mecanismos de protección al estilo del fondo de fomento para la industria nacional –que solo benefició a unos pocos privilegiados– del general Velasco en los años 60, a cambio de reinvertir sus utilidades en el Perú.

Debido a la falta de norte de la política económica, los empresarios no cumplieron con lo prometido, trasladando su fortuna al extranjero. Por ese motivo, en julio de 1987, García anunció la nacionalización de la banca, que era controlada por los ’12 apóstoles’. Al mismo tiempo, empezaron los debates, liderados por el escritor Mario Vargas Llosa y el economista Hernando de Soto, para abrir la economía al mundo. Pero tal era el grado de confort de los grupos económicos que, paradójicamente, la misma Sociedad Nacional de Industrias (SNI) fue la más férrea opositora al cambio.

En 1993, cuando se anunció la caída de los aranceles, cuyo único objetivo, por décadas, fue proteger la producción nacional, la SNI publicó avisos en los periódicos, en contra del cambio de modelo.

“Siempre, en un proceso de reformas, quienes tienen una mejor posición son los que más reclaman. El sector más recalcitrante fue el metalmecánico y el farmacéutico que, curiosamente, ahora son dos de los sectores que exportan más gracias al cambio de modelo”, explica el economista Roberto Abusada, otro de los artífices del cambio de modelo.

La burbuja reventó pocos años más tarde, con la llegada de Alberto Fujimori a la presidencia, quien, bajo la dirección del empresario Carlos Rodríguez-Pastor Mendoza y el mismo De Soto, abrió los cerrojos a la industria extranjera, que devoró a las empresas menos preparadas y más vulnerables a la globalización. Solo cinco familias sobrevivieron a la inesperada hecatombe: los Benavides de la Quintana, los Brescia, los Romero, así como los Raffo y los Wiese, que migraron a otros sectores, como inmuebles y retail. La era de los 12 apóstoles había terminado.

Nuevos apóstoles

“En el Perú han aparecido nuevos grupos, pero sobre todo empresarios con un enfoque distinto, que miran más allá del mercado local, no solo para exportar, sino para expandirse”, afirma José Carlos Lumbreras, gerente de Desarrollo de Perú Top Publications.

Según el Perú Top 10.000 de 2014, el primero en el ranking de grupos económicos peruanos es el Grupo Romero, que reúne a más de 20 empresas, con ingresos por US$ 4.525 millones.

El segundo grupo según Perú Top 10.000 es el Grupo Brescia, como se le llama al holding que fundó Fortunato Brescia Tassano a principios del siglo XX, con más de 50 empresas que generan ingresos por US$ 3.914 millones.

Le sigue el Grupo Buenaventura, encabezado a la fecha por los hermanos Roque y Raúl Benavides Ganoza. Con alrededor de 19 empresas, y socios en proyectos como Yanacocha, La Zanja, Conga y Cerro Verde, Buenaventura facturó el 2012 US$ 3.191 millones.

En cuarto lugar se ubican los hermanos Vito Modesto y Jorge Columbo Rodríguez Rodríguez, fundadores del Grupo Gloria, con inversiones en sectores como cemento, lácteos, azúcar, entre otros.

Todas ellas, empresas con más de 30 años de vida, serán las encargadas de escribir el próximo capítulo en la historia de la actividad empresarial del país. “Gracias a la estabilidad económica del Perú existen más posibilidades de financiarte y vender en otros países. Eso permite acelerar el crecimiento de la empresa, así como sus posibilidades de expansión en el extranjero”, dice Lumbreras. ¿Qué los diferenciará de los ’12 apóstoles’? En la mayoría de los casos, ninguno tuvo que llamar a Palacio de Gobierno para abrirse paso en el mercado hasta llegar a este ranking.

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