Las universidades deben elegir con quién acreditarse así como elegimos ver un partido en un torneo de fútbol


“Existen diversas entidades que certifican la calidad educativa, pero una universidad debe elegir con quién acreditarse, de la misma manera en que una persona elige ver un partido en un torneo de fútbol”, aseguró Eduardo Mindreau, catedrático de la Universidad del Pacífico.

“Una universidad debe poner las cartas sobre la mesa o sobre ‘la cancha’, es decir, existen jugadores que participan en el Mundial de Brasil, o hay otros que participan en un torneo de clubes, o aquellos que juegan en segunda división. Esa misma comparación debe darse en las acreditadoras, porque la ‘liga nacional’ representa el Estado peruano, y las otras ligas serían las americanas o europeas”, agregó.

Según Mindreau, sea cual fuese la acreditadora que una universidad elija, lo importante es que mantenga los indicadores que garanticen la certificación de calidad justa, para que los alumnos no se sientan estafados.

El fin supremo de una universidad -acotó- debe ser primero, el de formar profesionales y habilitarlos para la vida; el segundo debe ser el crear y desarrollar la investigación; y el tercero, divulgar el conocimiento en la sociedad.

Para Mindreau, el servicio público de la universidad, es decir, la educación debe tener dos condiciones mínimas para funcionar en otras regiones. El primero es que el Estado debe dar la patente para permitir su funcionamiento, porque esta certificación le permitirá dar un servicio educativo. “Esta característica aplica para cualquier universidad, inclusivo para las que tienen fines de lucro”, agregó.

El segundo punto es buscar la acreditación, porque la formación de profesionales requiere la garantía del Estado para resaltar su calidad frente a los alumnos o usuarios. “Sea cual fuese la universidad -pública, privada o empresarial- el Estado debe garantizar un mínimo de estándar de calidad”, acotó.

¿Por qué hay tantas universidades en espera de acreditación? Para Mindreau, el servicio educativo es un buen negocio, y por ello, muchas universidades apuestan por buscar su acreditación, aunque ello conlleve tiempo para vender ‘el paraíso terrenal’.

La recomendación del catedrático es robustecer a las universidades públicas en las provincias y regiones, para que puedan servir a la población que no logra acceder a estos servicios en Lima. Pero, siempre cuidando la calidad de su servicio, y ahí el Estado cumple un papel importante, pero no fiscalizador.

¿Hay un rol fiscalizador en el Estado? Según Mindreau, el Estado tiene una función que cumplir en todos los sectores: salud, energético, educación, entre otros, pero este rol no debe verse como fiscalizador, sino como supervisor de tres elementos: el alumno, la empresa, y el Estado.

“Estos tres elementos deben funcionar en armonía para tener una educación de calidad, y principalmente, deben gozar de su autonomía, pero ésta no se pierde teniendo al Estado como supervisor, sino más bien se fortalece”, agregó.

Fuente: Gestión

Posts Relacionados


3 señales de que su empleado está a punto de renunciar
El 1% de la población mundial acapara, actualmente, el 45,2% de la riqueza total
Director de Fahrenheit DDB Digital, Jean Paul Goachet, sobre competitividad en el marketing online