México conquista el mercado español


Durante el último año y medio, España se ha convertido en el centro de inversión mexicano con una entrada de cerca de 487 millones de euros en 2013, según datos del Ministerio de Economía español.

Desde 2010 las inversiones del país azteca en la península ibérica se han disparado en más de 1.300%, y este año podrían marcar un nuevo récord, cuando se contabilicen sus últimas operaciones en España, como la reciente compra del grupo de alimentación Campofrío por parte de Sigma Alimentos.

“En general, las multinacionales latinoamericanas están viviendo un proceso de internacionalización, muy fuerte en el caso concreto de las compañías mexicanas”, explica Tomás Guerrero, investigador del centro de geopolítica de la ESADE Business School.

RECORRIDO HISTÓRICO

George O. Morgan, profesor asociado de Finanzas y Negocios Internacionales de ESCP Europe, comenta que desde hace décadas las grandes empresas españolas han promocionado sus negocios en el exterior, especialmente en Latinoamérica, dados los lazos culturales y la lengua.

“Esta expansión tuvo especial relevancia entre los años 1993 y 2000, cuando casi la mitad de las inversiones españolas en todo el mundo aterrizaron en Latinoamérica, liderada originalmente por Telefónica, Banco Santander y otras grandes compañías. Sin embargo, el equilibrio entre importaciones y exportaciones de España con la región cambió a favor de Latinoamérica en 2004”, destaca.

En su opinión, esto se debe a que en España existen una serie de factores muy positivos para sus inversores: cuenta con una industria tecnológicamente avanzada y de precios razonables debido al impacto de la crisis económica que ha vivido ese país en los últimos años”.

En ese sentido, el año pasado, se registró un hito importante que confirma la tendencia de Latinoamérica como región emisora de capitales. “En 2013, inversores Latinoamericanos (en gran parte mexicanos) apostaron decididamente por España, superando por primera vez las inversiones hispanas en esa región”, asegura Morgan.

Sin embargo, el profesor de ESCP reconoce que no se trata sólo de una cuestión oportunista provocada por la caída de los precios, pues “las sociedades mexicanas con medios financieros a su alcance están analizando las ofertas y, naturalmente, aplicando sus recursos de manera muy inteligente”.

Un ejemplo concreto de este proceso es la reciente entrada de familias mexicanas en el accionariado de bancos españoles. Uno de los primeros fue el magnate Carlos Slim, una de las mayores fortunas del mundo y presidente honorario del Grupo Carso, entrando en el capital de CaixaBank.

Este año le han seguido varios compatriotas, como David Martínez, otro de los empresarios más ricos de México y dueño del fondo de inversión Fintech, quien se hizo hace unos meses con cerca del 5% de Banco Sabadell; y la familia Del Valle, propietaria del grupo químico Mexichem, que ha adquirido el 6% de Banco Popular.

UNA TENDENCIA SOSTENIBLE

En esa línea, Guerrero afirma que “la llegada de inversores mexicanos a España no es un hecho aislado, sino una tendencia sostenible en el tiempo”, ya que su intención es aprovechar “la experiencia para acceder no sólo a la Unión Europea, sino también a otros mercados donde las empresas españolas tienen presencia, como el norte de África y Oriente Medio, e incluso Asia”.

Por su parte, Juan Carlos Martínez Lázaro, economista de IE Business School, considera que, si bien este tipo de inversiones responde a una cuestión de precio y rentabilidad, la llegada de otro tipo de socios, con una vocación más industrial, es una tendencia que se asentará en los próximos años. Ese sería el caso de Sigma Alimentos, que controla más del 60% de la española Campofrío; o de la empresa de transportes mexicana Grupo ADO, que ha comprado la compañía de carga terrestre Avanza.

Más allá de las operaciones en el sector servicios, la banca o la alimentación, casi cualquier sector puede ser un punto interesante para el inversor mexicano. Morgan destaca al respecto que “Cemex, por ejemplo, está comprando plantas de cemento, y es posible que sea simplemente una cuestión de tiempo hasta que sociedades y grupos mexicanos se enfoquen en otros sectores, como, por ejemplo, telecomunicaciones, industria pesada, minería, energías renovables, logística y servicios, entre otros”.

Martínez Lázaro añade que, en el caso de México, “no es cuestión de hablar de sectores clave, como ocurre en otros países latinoamericanos (por ejemplo, Chile con el cobre), ya que el potencial de la economía mexicana está muy diversificado y, además, cuenta con un desarrollo industrial importantísimo, luego de haberse convertido en una región de aprovisionamiento para el mercado estadounidense”.

Fuente y Foto: http://www.knowledgeatwharton.com.es/

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