No necesitamos consumir menos, necesitamos consumir mejor


Fuente: WEF

El mundo no tiene un problema de consumo, tiene un problema de diseño, dice Lewis Perkins, presidente de The Cradle to Cradle Products Innovation Institute. “En lugar de consumir menos, tenemos que diseñar productos que sean menos perjudiciales para el medio ambiente y para la fuerza de trabajo que los crea”, sostiene Perkins en esta entrevista.

¿Por qué es importante pensar en el futuro del consumo?

La población mundial está creciendo, y el consumo impulsa la economía global – por lo que incluso si quisiéramos reducir el consumo, no sería una ambición realista.

Pero no creo que el mundo tenga un problema de consumo, creo que tenemos un problema de diseño: todavía estamos diseñando productos hechos con recursos que disminuyen rápidamente, de manera que son tóxicos para los sistemas de agua, o sin una consciencia de la fuerza de trabajo que los creó, y así sucesivamente.

Hay una aceptación generalizada de que tenemos que rediseñar la economía, es decir, cambiar la ecuación en torno a cada uno de los componentes del diseño. Pero, cómo hacemos esto es una pregunta enorme.

Analicemos primero el punto de vista de los consumidores. ¿Cuáles son las nuevas tendencias en los patrones cambiantes de consumo?

El primero de ellos es la economía circular: estamos dándole más y más atención a los materiales que se utilizan en los productos. La segunda es la economía del compartir: estamos pasando de modelos de propiedad a los modelos de servicio. Hay límites sobre lo que podríamos desear compartir – cepillos de dientes, por ejemplo – pero hay mucho potencial para asumir el modelo que está creciendo exponencialmente con Uber y AirBnB en otros productos, como la tecnología, la ropa o el hardware.

Si la corriente de pronóstico de tendencia es correcta, la nueva generación de consumidores va a pensar de manera muy diferente sobre el concepto de propiedad.

Por último, hay una reacción incipiente pero creciente contra la obsolescencia del diseño – la idea de comprar un teléfono de Apple o Samsung, por ejemplo, y tirarlo para conseguir otro en 12-18 meses. Productos como el Fairphone – que está diseñado para ser reparado y mejorado mediante la sustitución de módulos, para una mayor longevidad – podrían volver obsoleto el tipo de modelo de negocio conocido como el “obsoletismo”.

¿Cuáles son las barreras para cambiar los modelos de consumo?

Por ahora, aún es lucrativo ser un dinosaurio, obsoletista. La mayoría de la gente sigue comprando teléfonos para tirarlos a los 12-18 meses. Todavía es más barato hacer cosas con materias primas. En muchas compañías, personas bien intencionadas en las oficinas de sostenibilidad están haciendo un buen trabajo, pero siguen chocando contra una pared de ladrillo.

Entonces la gran barrera es el liderazgo: se necesitan muchas agallas para que las empresas salten fuera de su fuente de ingresos. Si usted fuera una compañía de $10 mil millones, ¿estaría dispuesto a correr el riesgo de convertirse en una de $9 mil millones – o aún una compañía de $5 mil millones- si usted cree que eso es lo que se necesita para invertir en la longevidad de su organización?

¿Qué papel tienen los gobiernos y el sector sin fines de lucro en este proceso?

Creo que veremos más organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro que entrarán en el espacio de la solución de problemas para las empresas mediante la creación de sistemas que recojan, clasifiquen y reutilicen sus productos – y en el futuro, se espera que estas start-ups sean eventualmente compradas por empresas más grandes.

Respecto a los gobiernos, muy probablemente veremos un proceso impulsado por el mercado que evolucionará en estándares, los cuales finalmente se convertirán en regulaciones oficiales- aunque el ritmo al que suceda dependerá de dónde se desarrollen los hechos: será más probable que los principios reguladores de la obsolescencia se den más rápido, por ejemplo, en la Unión Europea que en Estados Unidos.

¿Dónde estaremos en el 2030?

La tecnología nos brinddará mejores sistemas para realizar un seguimiento de los materiales con que se elaboran nuestros productos. El concepto de “pasaporte de materiales” está cada vez siendo más discutido hoy en día, y el big data y el Internet de las cosas puede haber avanzado suficientemente en 2030 para que podamos acceder a una base de datos con todos los materiales y componentes de cada producto que consumamos.

Dicha base de datos permitiría a sistemas mucho más sofisticados organizar la devolución de los materiales y componentes a las empresas fabricantes – y también para terceros para verificar el origen de los materiales y su calidad, para comprobar que con seguridad se puedan reciclar en otra cosa.

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