No te obsesiones con evitar la “pérdida de tiempo” en el trabajo


Feb 8, 2016 mhernani Noticias

Fuente: Forbes

Si nos fijamos en el modelo empresarial estándar, lo primero que notamos es que se trata de una pirámide. Dado que la organización típica tiene una gran cantidad de empleados no directivos y sólo un pequeño número de líderes de alto nivel, es lógico pensar que cada minuto del día de un alto ejecutivo tiene un gran impacto.

Sin embargo, generalmente nos obsesionamos con monitorear el uso productivo del tiempo de cada empleado, mientras que a los superiores nadie les dice que se muevan más rápido.

Cuando los altos mandos están sentados en la sala de conferencias mezclando ideas de negocio con bromas o comentarios sobre deportes y eventos actuales, nadie dice: “están perdiendo el tiempo”, mientras que un piso más abajo eso es todo lo que se oye entre los cubículos.

Ante esta situación percibimos que nos hemos estado engañando acerca de la gestión del tiempo en el trabajo. Medimos las horas que los empleados tardan en realizar sus tareas hasta tal punto que la medición en sí adquiere más importante que la propia tarea.

¿Por qué seguimos limitando tontamente la libertad y creatividad de nuestros empleados por una falsa percepción de productividad basada en el tiempo de trabajo? El trabajador del siglo XXI debería tener libertad de horario en la medida en que la naturaleza de la empresa lo permita, pues lo importante son los resultados en base al establecimiento de objetivos.

El proceso hacia ese objetivo y cómo el empleado gestione ese proceso no debería ser objeto de preocupación del empleador (en tanto todo se realice con legalidad), pues no se trata de tener un “padre sobreprotector” que esté sobre nosotros todo el tiempo, sino un jefe que coordine con nosotros y vaya aprobando o corrigiendo nuestros avances.

La gente es eficaz cuando sus cerebros están conectados a sus corazones. Y esta conexión solo se logra a través de la confianza: el empleador que realmente confía en sus empleados no está obsesionado con que “pierdan el tiempo”, e incluso, en ocasiones no requiere que estén físicamente todo el tiempo en la oficina, pues lo que se busca es un empleado creativo, responsable y cómodo en su trabajo, no un robot encerrado en un cubículo que trabaje de manera automática e insensible.

Al vigilarlos como halcones y tratarlos como criminales nos estaremos esforzando en crear una empresa mediocre, en el que nuestros colaboradores no nos estimen, mucho menos respeten, sino sólo que nos teman.

Tomemos en cuenta que una obsesión por la medición del tiempo laboral no sólo produce miedo, sino que también es un producto del miedo: estamos aterrorizados de que nuestros propios empleados podrían estar vagando.

Pero, ¿por qué iban a hacer eso, si son bien pagados y tratados como los colaboradores valiosos que son? Un empleado inteligente no se arriesgaría a perder un buen trabajo, y si de pronto se da un tiempo para relajarse, confíe en que esto es parte de su proceso productivo interno, y espere los resultados para determinar su continuidad en la organización.

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