¿Prejuicios en el trabajo? Propuestas ante la discriminación laboral en Perú


Oct 24, 2014 mhernani Noticias

“La sociedad peruana es discriminadora y tiende a encasillar a las personas de acuerdo con sus características étnicas”, según la IX Encuesta de Gerentes Generales de Semana Económica, en la que el 48% de los encuestados consideró que sí existía discriminación por este criterio, y el 77% cree que la discriminación por origen étnico es poco o nada grave.

Por otro lado, Margiori Dolci, gerente de Gestión Administrativa y Relaciones laborales de Rímac, indica que la “preferencia” –pues opina que la palabra “discriminación” es muy fuerte— por un sexo determinado para alguna posición está cambiando y ahora se opta por la diversidad dentro de las empresas. “Las empresas están mucho más abiertas a tener diversidad entre toda su gente”, señala. De hecho, sólo el 27% de los encuestados consideró que sí existe discriminación por sexo en el mercado laboral formal.

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Fuente: Semana Económica

CONCEPTOS PRECONCEBIDOS

El estudio “Representaciones sobre afro-descendientes desde la perspectiva de reclutadores de profesionales en el mercado laboral limeño” realizado por Liuba Kogan, de la Universidad del Pacífico, indica que existen conceptos preconcebidos sobre ciertas etnias, incluida la raza blanca.

“Existe en el imaginario de los reclutadores la idea de que las personas blancas no se esfuerzan mucho en el trabajo, priorizan sus logros personales, son superficiales y obtienen las cosas fácilmente. Aun así, a pesar de lo que señala la mayoría, al momento de tener que entrevistar a un candidato la primera opción era una persona blanca.”, dice un pasaje del estudio.

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En el caso de la discriminación por sexo, debemos tomar en cuenta también que el embarazo es la principal causa de discriminación laboral contra las mujeres. A muchas se les niegan oportunidades laborales por temor a que tengan que ausentarse para dar a luz.

LA DISCRIMINACIÓN ESTADISTICA

En esa línea, Judith Morrison, asesora senior de Desarrollo Social de la División de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo, señala que si bien muchas veces los prejuicios que existen sobre determinados géneros u orígenes étnicos hacen que no se considere a ciertos grupos de personas para un puesto laboral concreto, también existen teorías económicas que explican esta discriminación dentro de las empresas, como, por ejemplo, la discriminación estadística, teoría que no se trata de odios irracionales ni prejuicios injustificados, sino de criterios de selección basados en información real sobre el comportamiento o las cualidades promedio de las personas que pertenecen a determinado grupo.

En todo caso, cabe preguntarse si, en un entorno de escasez de talento, esta discriminación (consciente o inconsciente) no contribuye a complicar el panorama para las empresas formales peruanas.

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Imaginemos que cierta persona, cuya productividad individual es alta, pertenece a una población cuya productividad promedio es baja. Es decir, es una excepción en su grupo. Esta persona altamente productiva se presenta entonces a una entrevista laboral. El empleador, lamentablemente, no puede observar de forma directa qué tan productiva esta persona en realidad es, y, aplicando la discriminación estadística, supone (erróneamente) que es poco productiva dado que pertenece a un grupo que tiene baja productividad en promedio.

PROPUESTAS DE CAMBIO

En ese sentido, el Instituto Peruano de Competitividad decidió contribuir al debate alrededor de la discriminación laboral, acogiéndose a las propuestas de los reconocidos investigadores de la Universidad del Pacífico, Francisco Galarza y Gustavo Yamada, quienes sugieren de manera concreta, en su estudio denominado “Discriminación laboral en Lima: el rol de la belleza, la raza y el sexo”, que “el Estado debería ser el primero en poner en práctica la política de evaluación de currículos anónimos (sin nombres, ni apellidos, ni fotos) en sus actividades de reclutamiento de personal. Se puede empezar con las instituciones del gobierno nacional y luego ir incorporando en esta práctica a los gobiernos regionales y locales”.

El documento propone también que “el Estado, siendo el comprador individual más grande de la economía, puede preferir adquirir bienes y servicios de parte de empresas que activamente implementen programas de igualdad de oportunidades laborales dentro de sus políticas de recursos humanos”.

Lee el estudio completo de Yamada y Galarza aquí.

Fuente y Foto: Semana Económica

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