¿Sabes como medir tu “éxito” laboral?


Mar 7, 2016 mhernani Noticias

Fuente: Paolo Gallo para WEF

¿Qué define a una carrera exitosa?, ¿Por qué las definiciones convencionales señalan que solamente algunas pocas personas en la parte superior de la escalera tienen carreras exitosas, mientras que la mayoría simplemente sobreviven, y en muchos casos fracasan?

Estas preguntas han estado en mi mente y en mi corazón desde hace más de dos décadas, ya que he liderado el departamento de Recursos Humanos en varias organizaciones.

La comprensión habitual de éxito gira alrededor de dos supuestos básicos. El primero: el héroe en el lugar de trabajo es aquella persona que sube todo el camino hasta la cima. El segundo: llegar a la cima – conseguir ascenso tras ascenso – por lo tanto, es lo único que importa. ¿Esto realmente tiene sentido?

Vamos a desafiar la primera suposición. ¿Quién es el héroe? Es hora de cambiar nuestras ideas anticuadas sobre el heroísmo corporativo. Llegar a ser un héroe no es un proceso mágico reservado a unos pocos, sino algo que está abierto a todos nosotros si nos esforzamos por sacarle el mayor provecho a nuestras circunstancias.

Además, el concepto de héroe está cambiando en los últimos años: cada vez con mayor frecuencia, el concepto de héroe o genio está quedando atrás, trasladando el protagonismo al equipo de trabajo, en el que cada miembro cumple un rol fundamental, y destaca por su talento especializado, pero nunca ninguno es considerado más que los demás.

Ahora vamos a desafiar a la segunda hipótesis: que lo único que importa es subir la escalera corporativa. En mi primer día de trabajo en un banco de inversión en Nueva York, me encontré con un Director General que afirmaba que yo debería ser promovido al menos a nivel de vicepresidente en un plazo de tres años para considerarme exitoso en la empresa, ya que sólo una carrera de rápido ascenso era una carrera exitosa.

Cambiemos la idea de éxito definida tradicionalmente por las organizaciones, a una definición en la que no importe tanto una carrera de rápido ascenso sino disfrutar el camino mientras vamos subiendo peldaños.  Al ver nuestras carreras como maratones, entramos en un estado de constante lucha: “nosotros” contra todos los demás. Pienso, por ejemplo, en los sistemas de incentivos: he visto muchos y – mea culpa – diseñado algunos que se centran en los resultados de rendimiento individuales, pero nunca se basan en el intercambio o la cooperación.

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¿Es más importante ser el héroe de la empresa, o trabajar en equipo para sacar lo mejor de los demás y tener mejores resultados?, ¿ascender cada vez más escalones es lo más importante, o vale más aprender a ubicarnos en una posición en la que nos sintamos cómodos y seamos valiosos para el funcionamiento de nuestra organización?. Fuente: www.elempleo.com

Creo que el estrés no está ligado únicamente a la cantidad de trabajo que tenemos, sino más bien a la mala calidad de las relaciones que desarrollamos con nuestros colegas. Un clima organizacional de “perro come perro” rebaja nuestras relaciones a simples transacciones utilitarias, perdiendo cualquier rastro de conexión entre las personas.

En ese sentido, consideremos finalmente que el éxito de nuestras carreras no se define necesariamente por nuestra capacidad para ascender, sino por nuestra capacidad para sentirnos cómodos con lo que hacemos día a día. Si sentimos que tenemos un mayor potencial no explotado, pues debemos esforzarnos en alcanzar mejores posiciones.

Sin embargo, tomemos muy en cuenta que se trata de encontrar una posición, ya sea en la empresa en que nos encontremos actualmente o en cualquier otra, en la que sintamos que nuestras habilidades están siendo desarrolladas plenamente. No se trata simplemente de ascender por ascender: si bien ganar más dinero es siempre un incentivo atractivo, no todos estamos preparados para asumir las más altas responsabilidades de una institución.

Nos hace mejores personas reconocer nuestras limitaciones y felicitar a aquellos que tienen mejores y/o distintas capacidades que nosotros. La “envidia” producida al ver a alguien en una posición mayor a nosotros sólo podría justificarse en el común contexto de desigualdad educativa (por ejemplo, “si yo hubiera tenido las mismas oportunidades para estudiar como las tuvo aquella persona, quizás estaría en su misma posición, o incluso en un mejor puesto”).

En esa línea, luchemos por el ideal de una educación igualitaria para todos, en la que un sistema sin fines de lucro que brinde diversos niveles de educación según los diversos niveles de capacidades de los alumnos pueda realmente ser un indicador de justicia en relación al nivel de éxito de los individuos desde el punto de vista de escala de posiciones.

En conclusión, tome en cuenta las reflexiones compartidas en los párrafos previos (resumidas en las siguientes preguntas básicas) para determinar si la forma en la que medimos actualmente nuestro éxito es la más correcta:

¿Es más importante ser el héroe de la empresa, o trabajar en equipo para sacar lo mejor de los demás y tener mejores resultados?, ¿ascender cada vez más escalones es lo más importante, o vale más aprender a ubicarnos en una posición en la que nos sintamos cómodos y seamos valiosos para el funcionamiento de nuestra organización?

 

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