Tres principios para el futuro de los jóvenes


Jan 10, 2017 mhernani Noticias

Fuente: WEF

Se podría pensar en el futuro como un tipo de bien público muy peculiar. Teóricamente, todos tenemos acceso al futuro, sin exclusión. Sin embargo, como el agua o el aire, el futuro puede ser de mejor o peor calidad. Esto depende de restricciones como la abundancia, la sostenibilidad o la inclusividad del capital humano e institucional.

El futuro es un “bien común generativo”, pues nuestras inversiones, innovaciones y gestión de recursos hoy en día pueden reducir o ampliar el alcance del futuro. La forma en que decidimos -la participación, la transparencia y la confiabilidad del proceso democrático- afecta la calidad del capital social que sustentará el futuro.

La condición inicial en la cual una generación encuentra su futuro está indiscutiblemente determinada por las decisiones de generaciones anteriores. Al igual que los bosques o la pesca, el futuro necesita ser protegido de la tendencia humana a tenerlo todo hoy, sin prever que mañana no habrá más para nosotros y para los demás. De hecho, para la generación más joven de hoy – y la que seguirá – el futuro se está convirtiendo en un recurso cada vez más escaso, en una tragedia intergeneracional.

De la herencia al endeudamiento

Un grupo de adolescentes en los Estados Unidos presentó una demanda alegando que el planeta y sus recursos naturales podrían haber sido “tan profundamente dañados” que los “derechos fundamentales constitucionales de los demandantes a la vida y la libertad” están amenazados.

La ciencia es, de hecho, clara: a su ritmo actual, el cambio climático puede romper irreversiblemente los límites sostenibles de nuestro planeta, dejando a las generaciones que aún no han nacido en la obligación de hacer frente a la escasez y al desplazamiento impulsado por los desastres naturales.

El futuro se está convirtiendo en una carga que está endeudando a los jóvenes, más que en un bien público para heredar. Cada uno de nosotros desearía recibir de nuestros padres al menos “la misma cantidad y calidad” de lo que ellos recibieron, tal como dijo el filósofo John Locke hace ya 300 años. En el último decenio, los hogares de 25 economías avanzadas que experimentaron caídas o ingresos disponibles planos fueron 10 veces más numerosos que en el período comprendido entre 1993 y 2005.

La generación actual de veintitantos años probablemente terminará por ser más pobre que sus padres. No por casualidad, una encuesta realizada por Facebook en los Estados Unidos encontró que, para la mayoría de los millenials, tener éxito en la vida significa principalmente estar libre de deudas.

La cuestión con las generaciones futuras es que no tienen asiento en la mesa para reclamar y defender sus derechos. No existen sindicatos que representen a futuros trabajadores, y organizaciones como la Fundación para los Derechos de las Generaciones Futuras no pueden en modo alguno equilibrar la influencia de los intereses organizados del presente y del pasado.

Los millennials, sin embargo, no son sólo víctimas de la gerontocracia. Son hasta cierto punto responsables de ella. El sesgo anti-futuro de nuestras políticas no está suficientemente compensado por el emprendimiento político de los jóvenes de hoy: la participación electoral de los europeos menores de 35 años ha disminuido constantemente.

Del mismo modo, sólo 3 de cada 10 jóvenes europeos están comprometidos con el voluntariado y las actividades cívicas. Si el futuro debe ser gobernado como un bien público, entonces el liderazgo responsable no puede ser exigido; debe ser fruto de la participación.

Tres principios para la gobernanza futura: resiliencia, sostenibilidad, solidaridad

Una vez que vemos el futuro como un bien público a ser administrado en vez de poseído, adquirimos el lenguaje y las herramientas para gobernarlo, de modo que el acceso justo a las oportunidades se mantenga a través de las generaciones. Gestionar el futuro no debe ser un conflicto de joven contra viejo, sino algo en el cual cada uno tiene un rol alrededor de tres principios para la acción política: la resiliencia, la sostenibilidad y la solidaridad.

Resiliencia es la capacidad de una persona, una comunidad o un sistema de prosperar a pesar de la adversidad. No es simplemente la capacidad de preservar ciertas cualidades a través de las dificultades, sino de adaptarse positivamente a las transformaciones. Es la habilidad que convirtió al homo sapiens de “animal sin importancia” a gobernador el mundo. Sostener el progreso exige el avance de la resiliencia de las personas.

A medida que el mundo va a ser transformado por la Cuarta Revolución Industrial, reforzar la resilencia del capital humano, por ejemplo, invirtiendo en capacitación para desarrollar habilidades necesarias a partir de esta revolución, parece ser la mejor solución para un futuro más inclusivo del trabajo y para el progreso económico continuo.

Sin embargo, la abundancia del futuro de los individuos será definida por el capital económico, social y ambiental. En otras palabras, por la sostenibilidad de nuestros sistemas. Detallar en las constituciones un principio de equidad intergeneracional -de administrar de manera sostenible el futuro como un bien común- puede ser el mejor antídoto contra el corto plazo humano.

Francia y Suiza ya lo han hecho, mientras que Suecia ha creado un Ministerio del Futuro. Estos principios se reflejarían entonces en los presupuestos nacionales, para garantizar que los compromisos con respecto a la sostenibilidad se consagren incluso cuando los gobiernos cambien.

Finalmente, puesto que el futuro es un bien público del que nadie debe ser excluido, la solidaridad debe ser el principio que sustente las políticas de bienestar. Un estudio del Banco Mundial revela que la mayoría de los países europeos podrían mantener la pensión promedio actual como un porcentaje del salario medio si la duración de la jubilación se fija en un promedio de 15 años.

Al mismo tiempo, cerca de un cuarto de la población de la Unión Europea ha alcanzado la edad de jubilación, mientras que en países como Italia el 40% de los jóvenes están desempleados. La solidaridad también debería significar que nuestros ancianos sean invitados a inscribirse en actividades de mentoría, voluntariado o capacitación para ayudar a la próxima generación a tener una visión más justa de la vida.

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